Descripción
Hay atardeceres que parecen pintados solo para recordarnos que el verano también es bello cuando se va. Este es uno de ellos.
La técnica y el formato
La pinté con acrílico sobre un lienzo de algodón montado en bastidor de madera. Mide 25 x 30 cm, un formato horizontal que abraza bien la amplitud del paisaje.
El primer plano: hierba pajiza
En primer plano, la hierba alta y pajiza ocupa buena parte del cuadro. Está seca por el calor y los meses sin lluvia. Pero no es todo ocre. He mezclado algunos verdes oscuros y violetas para darle profundidad y evitar que sea monótona.
Los árboles y el fondo verde
Detrás de esta primera capa de pasto, aparecen unos árboles verdes. Son el puente entre lo seco y lo fresco. Y más allá, casi al fondo, se divisa una extensión de hierba verde y refrescante. Como si el paisaje se fuera recuperando a medida que nos alejamos.
El horizonte y el cielo
En el horizonte, las montañas se recortan. A sus pies, pequeñas siluetas de cipreses crecen verticales. El cielo es lo más llamativo. Es un atardecer de verano, de esos que encienden toda la gama cálida. Rosas, naranjas, amarillos, lilas y azules se funden sin orden. El sol es blanco, casi cegador, y está casi cubierto por las montañas. Solo asoma un borde brillante.
Firma y certificado
He firmado la obra por delante, en la esquina inferior derecha, con un pequeño monograma que no molesta a la composición. La obra se envía con su certificado de autenticidad.
Para quién es este cuadro
Es perfecto para un salón pequeño, un comedor o un dormitorio con luz natural. Los colores del atardecer le darán calidez a cualquier pared. Si te gusta el verano, los campos secos y los cielos encendidos, esta campiña te va a hablar.



